RECURSOS SAC

No controlamos a los clientes, mejor sigámoslos

Por: Alfredo Coronel Zegarra Guzmán Barrón

12 de febrero de 2026

Siendo emprendedores, controlamos la producción, las finanzas, la dirección y la calidad. Determinamos el talento a contratar, manejamos nuestros flujos de capital y definimos los lazos con los proveedores. No obstante, toda esa influencia se disuelve ante el reto de afectar las decisiones de los clientes. Esta es la tarea más ardua, pues poco podemos hacer para cambiar la conducta de quienes en realidad importan.

Dicha imposibilidad se ilustra en el creciente deseo de los compradores por productos a la medida. Esa demanda se topa con un muro: estos mismos individuos valoran tanto su privacidad que difícilmente proporcionan la información requerida a fin de satisfacerlos. Así, se pone en evidencia lo lejos que estamos de conseguir persuadirlos. Ante la paradoja, ¿cómo hallaremos esta sofisticación? Si transformar hábitos arraigados es una labor inviable en la práctica, intentemos acompañar tendencias e idear futuros.  

La retroalimentación referida al uso que el público le da a la mercadería entregará luces respecto a las segmentaciones a realizar y rutas por probar. De igual modo lo hará el seguimiento de las huellas electrónicas y físicas que dejan al interactuar con plataformas o tiendas. Especial interés tomemos a la sección de quejas y procederes anómalos, plantearán innovaciones.

Es evidente que esto variará si vendemos masivamente, si subcontratamos para otras compañías o si brindamos prestaciones institucionales. Cada tipo de bien y servicio tendrá sus características e importante es el lugar donde entramos en contacto con los adquirientes. 

Las campañas comerciales son alternativas para interesar a varias personas. Y aunque exigen audacia y valentía, a veces son contraproducentes. El escrutinio público es más riguroso día a día. Hagamos afirmaciones conscientes y rijámonos por la ética y la integridad.

Con testeos de diseño se alcanzan señales acerca de la confianza ganada, las experiencias más apreciadas y la reputación construida. Con ello se facilitará preparar la estrategia sobre el valor que ofreceremos y cómo nos diferenciaremos de la competencia.

En forma complementaria, consideremos por qué capacidades somos distinguidos; qué liderazgo guía nuestra ambición y qué relaciones de cooperación hemos consolidado como sistema único. Las habilidades y aprendizajes de gestión permitirán amalgamar estos atributos en los productos.

Alterar el comportamiento del consumidor es complejo, pero identificar por dónde van sus motivaciones, percepciones e intereses será plausible. Mientras sea rentable, usemos los instrumentos disponibles y prosigamos a su lado evitando “perder el paso”.

Imaginar mañanas implica ejercicios de prueba y error constante. Mejorar continuamente los factores que sí gobernamos nos permitirá establecer y aprovechar las oportunidades que se nos presenten con aquella apuesta que nunca tendremos bajo nuestras manos: los clientes.

Fuente: Imagen de Freepik