Prejuicios, detalles y cortoplacismo deterioran la rentabilidad
Por: Alfredo Coronel Zegarra Guzmán Barrón
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09 de julio de 2026
La rentabilidad de las empresas mide su éxito. Invertir en operaciones que no producen retornos carece de sentido una vez sobrepasado el período de despegue planteado en el modelo de negocio. Incluso, obtener ganancias tendrá que intentarse en malos momentos, cuando la firma pasa por turbulencias, internas o externas, que afectan su flujo de caja, ocasionando la reevaluación de prioridades y gestión.
A veces dichas perturbaciones provocan que descuidemos la brújula y que el norte se vuelva brumoso, interfiriendo con las decisiones. Los siguientes tres factores abonan en esta pérdida de visión:
Detalles: Con frecuencia pecamos de estar atentos a toda ocurrencia. Esta preocupación por nimiedades puede burocratizarnos, lo que obstaculiza imaginar el futuro. Es cierto, el porvenir es desconocido, no hay datos que nos faciliten esta tarea, aunque sirven para identificar patrones y conexiones; al detectar anomalías junto a “la primera línea” agilizaremos la innovación. Si podamos las ramas, observaremos el bosque. El liderazgo efectivo elude distracciones; delega rutinas y controles para enfocarse en darles valor a los clientes, seleccionando entre opciones relevantes. Prescindamos de lo que solo complejiza y aporta poco. Actividad dista de ser efectividad.
Prejuicios: Dirigir exige criterios amplios y apertura a nuevas realidades. Los dogmatismos que buscamos desterrar en la sociedad y política, deben alejarse también de ámbitos empresariales. Emitir juicios preconcebidos, injustificados o apresurados sobre la competencia, los compradores, proveedores, trabajadores o inversionistas acarreará elecciones erradas. Examinaremos de forma equivocada el contexto y, dejándonos llevar por creencias sin sustento, conduciremos desacertadamente la compañía. Asesorémonos con quienes posean una concepción abierta, aceptemos los disensos y demos importancia a la confrontación de ideas. Eso fortalecerá nuestra ventaja competitiva y remodelará la estructura de costos para diferenciarnos de los rivales.
Cortoplacismo: En no pocas ocasiones, las urgencias diarias nos impiden “ver más allá”. Andamos apagando incendios, en lugar de evaluar cómo salir del peligro de manera concluyente. Claramente, es inevitable encargarnos de la liquidez, pero no debe hacernos ignorar el mediano y largo plazo. Un manejo sostenible que traduzca en acción los propósitos se adapta de modo constante y flexible a entornos cambiantes. Esto contribuirá a la rentabilidad requerida para satisfacer a los consumidores con mejores productos. Asimismo, permitirá remunerar y establecer bases de colaboración con la cadena logística, iniciar planes de mejora continua y de gestión del conocimiento con los empleados y entregarle el mayor rendimiento durante más tiempo a los socios.
Así, deshagámonos de enfoques cortoplacistas, estrategias centradas en pormenores banales y una opinión sesgada.
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