RECURSOS SAC

Patrimonio inmaterial y biodiversidad

Por: Jorge Luis Puerta Pérez y Alfredo Coronel Zegarra Guzmán Barrón

13 de febrero de 2025

Las historias y leyendas contadas por nuestros ancestros al pie de la hoguera, la música y las canciones que acompañaban las faenas agrícolas, los ritos a la Pachamama, a las divinidades, las celebraciones por la siembra, por la cosecha, por las conquistas, por los vencedores, las tradiciones y conocimientos aprendidos y transmitidos de generación en generación forman un conjunto variado y rico de patrimonio cultural inmaterial ligado, desde el origen, a la interacción del hombre con la biodiversidad de su hábitat.

Esta gran riqueza cultural puede ser apreciada económicamente. Se trata de rentabilizar este saber milenario, convirtiéndolo en capital para la ejecución de actividades productivas diversas, todas vinculadas al ámbito donde residimos. Rescatarlos para diseñar soluciones basadas en la naturaleza ofrece una oportunidad única. Centrarse solo en la reducción de la huella de carbono puede hacer perder de vista las bondades de una intervención múltiple e integral con los ecosistemas. La solución al cambio climático incluye ocuparse de la biodiversidad y viceversa: ocuparse de esta es monitorear aquél.

Las iniciativas de la agricultura regenerativa son un ejemplo exitoso de la combinación entre saberes antiguos y nuevos. La innovación proviene de mejoras en los procesos, los cuales se basan en la experiencia y en el aprendizaje acumulado y revalorado, como el caso del cuidado y la multiplicación de especies polinizadoras, cada vez más reconocidas y comerciadas por las empresas.

Si bien los mercados voluntarios de carbono sufren de mala reputación, es factible participar en ellos. Relacionar manejos probados con innovaciones en gestión para alcanzar una gobernanza que garantice seriedad y cumplimiento ofrece opciones. Involucrar diversos esfuerzos institucionales con este fin parece una alternativa viable, especialmente ante nuevos marcos normativos.

La rentabilidad no está reñida con la sostenibilidad. Hay que equilibrar la tradición con la modernidad. Esta es la forma de revalorizar la cultura inmaterial. Cada generación aporta en su construcción. El asunto es escalar estas actividades. No significa regresar al pasado, sino evaluarlo y contrastarlo con mejoras, armonizándolos adecuadamente, logrando procesos más robustos y resistentes.

Es vital evitar la pérdida de información, creencias, historias y estrategias. A medida que la población envejece y los jóvenes buscan otros horizontes, las ocasiones de transferencia se reducen, cuando no se pierden. La oralidad es difícil de atesorar sin interlocutores a disposición.

En suma, hacer explícito el conocimiento ancestral y sus prácticas implícitas es un elemento válido para hacerlo rentable. Incluir y conjugar estas perspectivas permitirá resultados que identifiquen los intereses de los actores sociales, económicos y políticos, generando espacios de cooperación y confianza mutua.

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