RECURSOS SAC

Un mal acuerdo es mejor que ningún acuerdo

Por: Alfredo Coronel Zegarra Guzmán Barrón

08 de enero de 2026

¿En cuántas ocasiones hemos dejado de realizar negociaciones aguardando mejores momentos? “Son propuestas sesgadas”, “renunciaré a ganar mucho”, “malgastaré mi capital”, son algunas afirmaciones empleadas para justificarnos. Objeciones reales, sin embargo, ¿y el precio de la inacción?

Verdaderamente, sufriremos desgastes, ingresará poco o debilitaremos nuestra posición de rentabilidad. No obstante, ¿qué hay con lo que dilapidamos por seguir con el asunto irresuelto? ¿En qué emprendimientos andaremos rezagándonos? ¿Cuánto pagaremos por desperdiciar la coyuntura positiva que veremos irse? El denominado “costo de oportunidad” es la medida a usar. Lo que desembolsaremos mañana por no realizar tareas hoy. Los días pasan y la inmovilización de recursos reduce las posibilidades de éxito.

Siempre surgirá la duda: ¿y la justicia? Pues dependerá del caso, en general, de referirnos a temas comerciales lo importante es prolongar los negocios. Quedarse entrampado en recuperar lo “que me corresponde” será valioso si se carece de opciones. De tenerlas, habría que aprovecharlas al máximo con las capacidades existentes, minimizando pérdidas. En eso consisten los actos empresariales.

La competitividad difícilmente se consigue en los juzgados; es construir ventajas para diferenciarnos de los competidores. Toda operación que contribuya con esto resultará muy útil. Ceder, a veces, producirá efectos superiores a aferrarse a lo improbable. “Del lobo un pelo” reza el refrán popular que podemos aplicar en estos casos. Ya habrá momentos para resarcimientos.

La responsabilidad por haber llegado a este punto seguramente es compartida. Nuestras decisiones nos llevaron a este instante y deberemos asumir las consecuencias, sea que seamos causantes del desaguisado por obra u omisión. Enfrentarlo es lo que toca.

Si arreglos mutuamente satisfactorios son impracticables, lograr acuerdos parciales será preferible. Pasar la página ayudará a rehacerse liberando recursos. Permanecer en pie de lucha nada aportará. La agresión, la imposición o la resignación tampoco auxilian, ni conducen a salidas viables y honrosas para las partes.

Empecemos priorizando los elementos en común. Esta distensión permitirá reiniciar tratativas y avanzar abordando las demás materias.  

Al final, enfrentar el inconveniente, obviarlo o esperar son elecciones que cada circunstancia determinará. Contar con análisis de los riesgos y los beneficios actuales y futuros es imprescindible para un manejo adecuado. Y determinar los costos facilitará elegir entre insistir o tirar la toalla.

En cualquier escenario, alcanzar una solución, aunque sea imperfecta, es aconsejable, en lugar de mantener el impase en “stand by”. De ese modo, apostar por evaluar alternativas devendrá en inversiones más certeras que conservar la ilusión de que la cuestión se aclare sola. Eso abrirá caminos de cooperación e impedirá mayores desazones.

 

Fuente: Imagen de Wiroj Sidhisoradej en Freepik